Universidad Nacional de Catamarca –
Facultad de Humanidades – Departamento Letras
Literatura Hispanoamericana II
Textos en contacto: Cien
años de soledad en diálogo…
Memoria del fuego 3. El siglo del
viento,
Eduardo Galeano, 1986.
1928
Aracataca
Maldición
Calor
y sopor y rencor. Los bananos se pudren en las cepas. Duermen los bueyes ante
las carretas vacías. Los trenes, muertos en los ramales, no reciben ni un
racimo. Siete barcos esperan, anclados en los muelles de Santa Marta: en sus
bodegas sin fruta, los ventiladores han dejado de girar. Hay cuatrocientos
huelguistas presos, pero la huelga sigue como si nada. En Aracataca, la United
Fruit ofrece una cena de homenaje al Jefe Civil y Militar de la región. A los
postres, el general Carlos Cortés Vargas maldice a los obreros, malhechores armados, y a sus agitadores bolcheviques, y anuncia que
mañana marchará hacia Ciénaga, a la cabeza de las fuerzas del orden, para
proceder.
1928
Ciénaga
Matazón
En las orillas de
Ciénaga, un oleaje de mar y de banderas. Los huelguistas han venido desde todas
las distancias, hombres de machete al ciento, mujeres cargadas de ollas y de
niños, y aquí, rodeados de fogatas, esperan. Les han prometido que esta noche
la empresa firmará el acuerdo que pondrá fin a la huelga.
En lugar del
gerente de la United Fruit, llega el general Cortés Vargas. En lugar del
acuerdo, les lee un ultimátum.
La multitud no se
mueve. Tres veces suena, advirtiendo, el clarín militar.
Y entonces, de
pronto, revienta el mundo, súbito trueno de truenos, y se vacían las
ametralladoras y los rifles.
Queda la plaza
alfombrada de muertos. Los soldados la barren y la lavan, durante toda la
noche, mientras los barcos arrojan a los muertos mar adentro; y al amanecer no
pasa nada.
-En Macondo no ha pasado nada, ni está
pasando, ni pasará nunca.
1928
Aracataca
García Márquez
Se desata la persecución de
los huelguistas heridos y escondidos. Como a conejos los cazan, tirando al
bulto desde el tren en marcha; y en las estaciones pescan lo que la red atrapa.
A ciento veinte capturan en Aracataca, en una sola noche. Los soldados despiertan
al cura y le arrancan la llave del cementerio. En calzoncillos, temblando, el
cura escucha las descargas. No lejos del cementerio, un niño berrea en la cuna.
Pasarán los años y este niño revelará al mundo los secretos de la comarca que
fue atacada por la peste del olvido y perdió el nombre de las cosas. Él
descubrirá los pergaminos que cuentan que los obreros han sido fusilados en la
plaza y que aquí la Mamá Grande es dueña de vidas y haciendas y de las aguas
llovidas y por llover, y que entre lluvia y lluvia Remedios la Bella se va al
cielo y en el aire se cruza con un ángel viejito y desplumado que viene cayendo
rumbo al gallinero.
1928
Bogotá
Noticiero
La prensa informa sobre los
recientes acontecimientos en la zona bananera. Según las fuentes oficiales, los
desmanes de los huelguistas han dejado un saldo de cuarenta plantaciones
incendiadas, treinta y cinco mil metros de hilo telegráfico destruido y ocho
obreros muertos cuando intentaban agredir al ejército. El presidente de la
república acusa a los huelguistas de traición y felonía. Ellos han atravesado con su puñal envenenado el corazón amante de la
Patria, declara. Por decreto, el presidente designa director de la Policía
Nacional al general Cortés Vargas y anuncia promociones y recompensas para los
demás oficiales participantes en los sucesos de notoriedad. En espectacular
discurso, el joven legislador liberal Jorge Eliécer Gaitán contradice la
versión oficial y denuncia que el ejército colombiano ha cometido una
carnicería cumpliendo órdenes de una empresa extranjera. La United Fruit
Company, que según Gaitán dirigió la matanza de obreros, ha reducido los
jornales después del aplastamiento de la huelga. La United Fruit paga los
jornales con cupones y no con dinero. Subrayó el legislador que la empresa
explota tierras regaladas por el Estado colombiano y está exonerada de
impuestos.
Canto General Pablo Neruda (2003)
La Unitet Fruit Co.
Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra
y Jehová repartió el mundo
a Coca-Cola lnc., Anaconda,
Ford Motors y otras entidades:
la Compañía Frutera lnc.
se reservó lo más jugoso,
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como "Repúblicas Bananas",
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa:
enajenó los albedríos,
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillo, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía.
Entre las moscas sanguinarias
la Frutera desembarca,
arrastrando el café y las frutas,
en sus barcos que deslizaron
como bandejas el tesoro
de nuestras tierras sumergidas.
Mientras tanto, por los abismos
azucarados de los puertos,
caían indios sepultados
en el vapor de la mañana:
un cuerpo rueda, una cosa
sin nombre, un número caído,
un racimo de fruta muerta
derramada en el pudridero.
Bibliografía:
Galeano,
Eduardo (1986): Memoria del fuego 3. El
siglo del viento, BS.AS.: Siglo Veintiuno.
Neruda,
Pablo (2003): Canto General, BS. AS.: Debolsillo.
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